Y se alejó rápidamente. Corrí detrás de ella.

—Dime, dime; ¿qué es lo que te pasa?

Pero ella, sin volverse, me hizo seña de que no la siguiese.

IX
LA DELINCUENTE HONRADA

Sobre las once de la mañana me desperté. Había llegado tarde del teatro: todavía me quedé dormido algunos minutos. Al fin, dominando la pereza, me planté de un salto fuera de la cama, hice las abluciones acostumbradas; me vestí y me dirigí al comedor para almorzar.

El periódico estaba, como siempre, al lado de mi plato. He tenido toda mi vida la antihigiénica costumbre de leer los periódicos a la hora de las comidas. Lo recorrí lentamente mientras masticaba distraído lo que me ponían delante, y ya iba a soltarlo cuando entre los sucesos del día, colocados al final y que rara vez leo, tropezaron mis ojos con un epígrafe en letra grande que decía: «Las vitrioleras».

«Ayer noche se desarrolló en la casa de la calle de Toledo, número..., una escena que, por desgracia, se repiten con alguna frecuencia. Natalia de los Reyes, de veintiséis años de edad, después de una acalorada disputa con su marido Rodrigo Céspedes, de cuarenta y cinco, le arrojó al rostro un frasco lleno de ácido sulfúrico, que le produjo graves heridas. El herido fué llevado a la Casa de Socorro y desde allí al hospital. La esposa criminal huyó del domicilio y hasta la hora presente no pudo ser habida.»

Quedé sin gota de sangre en las venas. Dejé caer el periódico sobre la mesa y mi consternación fué tal, que permanecí largo tiempo inmóvil sin acertar a levantarme de la silla. Por fin tomé de nuevo el papel entre las manos y volví a leer la noticia, imaginando vagamente que pudiera haberme equivocado en los nombres. No, no; eran bien exactos: Natalia de los Reyes, Rodrigo Céspedes. Seguí leyendo, sin saber lo que hacía, y al final de la columna me encontré con otra noticia referente al mismo asunto.

«Al cerrar nuestra edición tenemos noticia de que la autora del atentado de la calle de Toledo, Natalia de los Reyes, se ha entregado voluntariamente a la autoridad esta madrugada. Según hemos podido averiguar los protagonistas de este drama son personas de buena sociedad que por reveses de fortuna han llegado casi a la indigencia. Natalia de los Reyes es hija del difunto general Don Luis de los Reyes, que hace años representó un papel importante en la milicia y la política. Su marido es un antiguo oficial del ejército, separado de él hace tiempo. Tendremos a nuestros lectores al corriente de las fases de este suceso, que por tratarse de personas conocidas llamará seguramente la atención pública.»

Recordé la actitud extraña en que había hallado a Natalia y sus palabras enigmáticas en el día anterior y comprendí que alguna nueva infamia de Céspedes había venido a llenar la medida de su paciencia. Mi primer pensamiento fué volar a la cárcel y hacer por mi desgraciada amiga cuanto humanamente me fuese posible.