El Presidente hizo sonar la campanilla.
—¿Puede usted probar la acusación que acaba de formular?
—No puedo probarla, pero es cierta.
El Presidente se encogió levemente de hombros.
—Señor Presidente, deseo decir solamente unas palabras—manifestó Moro irguiéndose fieramente.
—El señor Abogado defensor no necesita responder a una acusación que no trae aparejada prueba alguna. No obstante, puede hablar, aunque brevemente.
—Como hijo que soy de un humilde obrero que a costa de enormes sacrificios ha logrado procurarme un título académico, me he visto necesitado en mi primera juventud a dar lecciones particulares. El general Reyes me llamó para dárselas de francés a su hija. Que he cumplido fielmente mi cometido lo prueba el que jamás me faltó su estimación hasta su muerte. Si hubiera osado poner los ojos en su hija, no sólo no la hubiera obtenido, sino que me hubiera arrojado de su casa. Después de celebrado el matrimonio de la procesada no he vuelto a verla, como me es fácil probar, ni siquiera a tener noticia de ella hasta después de realizado el acto que la ha conducido a la prisión... Por lo demás—añadió con gesto arrogante—si hubiera tenido el honor de hacerla mi esposa no sería ciertamente para infligirla un bárbaro martirio de diez años y concluir ultrajándola villanamente.
«—¡Muy bien! ¡muy bien!»—dijeron algunas voces.
El Presidente agitó la campanilla. Después de las formalidades reglamentarias el Jurado se retiró a deliberar.
No es fácil representarse en qué estado de inquietud y congoja permanecí cuando los jurados hubieron traspuesto la puerta. Mis esperanzas batallaban con mis temores un combate sin tregua. El discurso maravilloso de Sixto, la actitud abiertamente favorable del público me hacía esperar un veredicto absolutorio; pero la corta inteligencia de muchos hombres, el espíritu rutinario, tan poderoso en la sociedad, la falta de valor que nos acomete a todos cuando debemos romper con el derecho constituído y tradicional me hacían temer un fallo condenatorio. Sobre todo, la flecha envenenada que aquel malvado había disparado a la conclusión ¿qué efecto produciría en el ánimo de los jurados?