—¡La retirada de Gonzalo!—exclamó la señora volviendo con asombro la cabeza.—¿Qué quieres decir, criatura?
—Sí, la retirada, porque a mí me consta que no está enfermo. Ayer estuvo toda la noche jugando al billar en el café de la Marina.
—¡Bah, bah! ¿Tienes ganas de reir?
—No me río, mamá, hablo en serio.
—¿Y quién te ha dicho a ti eso?
—Lo sé por Nieves, que se lo dijo su hermano.
—Puede que le haya aliviado el dolor por la noche y saliese a esparcirse un poco.
—Y entonces, ¿por qué no ha venido hoy?
—Porque le habrá vuelto otra vez.
—No lo creas, mamá... Ten la seguridad de que Gonzalo no quiere a Cecilia.