—¿Pues?
—Pues... pues... adivínalo—dijo la niña con impaciencia.
En efecto, Gonzalo adivinó y experimentó una impresión de repugnancia y temor. Calló obstinadamente por algún tiempo. Venturita le preguntó al fin:
—¿Te ha parecido mal?
—Sí—respondió secamente.
—Pues dispensa, chico... Mañana le diré que todo ha sido una mentira... y hemos concluído.
—Nada se adelanta ya. Lo que me parece mal no es el resultado, como debes comprender, sino que haya salido eso de ti.
—Más pierdo yo que tú.
—¡Por lo mismo lo siento!
—Bien, pues dale expresiones—replicó desabridamente levantándose del alféizar de la ventana, donde estaba sentada.