—El mismo, tío.

—¡Milagro! A ti te gusta más ver rodar las bolas de marfil que las olas.

—No; hoy no he jugado al billar. Me encuentro triste, preocupado... y quisiera hablar con usted de un asunto serio, a ver qué me aconseja.

Don Melchor le miró con sorpresa.

—¿Un asunto serio?

—Sí... Vamos a ver, tío: ¿usted se casaría con una mujer a quien no quisiera?

—¡Qué pregunta! El matrimonio a mi edad es un barreno en los fondos, querido.

—¿Pero si fuese joven, se casaría?...

—Jamás.

—Pues bien, tío... Yo no quiero a Cecilia.