—¿Esta mañana?... En muchas partes. En casa, en el Saloncillo, en la cochera... en la punta del Peón...

—¿No has estado en la calle de San Florencio?

—Sí; he pasado por allí dos o tres veces.

—¿Y a quién has encontrado?

—¡Chica, qué sé yo!... A mucha gente.

—¿No has encontrado a Nieves?—preguntó con reprimida cólera la gentil costurera.

—Sí, la he encontrado—respondió él con acento indiferente.

—¿Y no te has parado con ella?

—No; la he dicho simplemente adiós.

—¡Embustero! ¡hipócrita! ¡tío silbante!—exclamó con furia Valentina.—¡Toma, por zorro! (arrimándole un terrible pellizco en el brazo). ¿Conque le has dicho adiós solamente y te has estado más de una hora con ella? ¡Toma, trapacero! ¡toma!