No tuvo tiempo a decir nada. Doña Paula, sin mirar a Ventura, le cogió de la ropa diciéndole:
—Ven, hijo mío, ven. Yo arreglaré este asunto, y te volveré la calma.
Y Gonzalo se dejó arrastrar como un autómata, lleno de confusión.
Al llegar a su cuarto, la buena señora cerró la puerta.
—Lo he oído todo—le dijo, clavando en él aquellos grandes ojos negros y tristes como los de una Dolorosa, único resto de su antigua belleza.—Te vi cruzar por el pasillo con una cara tan extraña, que no pude menos de seguirte... No sé lo que dice ese periódico que has dado a Ventura, pero debe ser algo muy feo y repugnante...
—¡La injuria mayor que se puede hacer a un hombre!—profirió Gonzalo con la garganta apretada.
—¡Qué infames! ¡Insultarte a ti que jamás les has hecho daño alguno! Tienes razón, la culpa es de Ventura. Sus ligerezas, el gusanillo que tiene metido en la cabeza, ha dado lugar a este disgusto, como a todos los otros más pequeños que hasta ahora habéis tenido. Pero no vayas a figurarte que hace estas cosas por maldad... Ventura es una loca, una taravilla; pero en el fondo no es mala. Con el tiempo se irá corrigiendo. Yo también he tenido mi cacho de orgullo y he gozado con ciertas tonterías que hoy me avergüenzan. ¡Oh, los años, las tristezas, las enfermedades, le van arrancando a una todas las ilusiones!... Lo que importa ahora, es evitar a todo trance mayores disgustos. Hace tiempo que vengo notando las atenciones del Duque con Venturita y la intimidad que ha nacido entre ellos. Sé fijamente que esta intimidad no tiene importancia alguna. Estoy enteramente segura de mi hija, como tú debes estarlo. Pero comprendo muy bien que la conducta de ese señor te moleste... Sobre todo, desde que un periódico se ha aprovechado de ella para injuriarte, las cosas no pueden continuar así. Es necesario tomar una resolución...
—Ya está tomada—dijo sordamente Gonzalo.—Hoy mismo despido al Duque de esta casa.
—No, tú no puedes ni debes hacerlo. Tienes el genio violento. Habría una escena escandalosa que es necesario evitar.
—¡Pues es lo que yo quiero precisamente! ¡esa escena!