—¡Bah! Eso no es nada.
—¿Y qué es lo que estás bordando?
Cecilia siguió moviendo la aguja sin contestar.
—¿Qué es lo que bordas?—preguntó Gonzalo en voz, más alta, pensando que no le había oído.
—Una sábana... ¡calla!—replicó la joven levantando un poco los ojos hacia las costureras y volviendo a abatirlos rápidamente.
Al mismo tiempo, los de Gonzalo y Venturita se tropezaron por encima de la cabeza de Cecilia, y de ellos brotó una chispa.
—Ya ven ustedes que hay para todas—decía Pablito mirando al mismo tiempo fijamente a Nieves, como diciendo: «No hagas caso, esto lo digo por cumplir».
—¿Qué es lo que hay para todas, don Pablo?—preguntó Valentina con tonillo irónico.
—Flores, criatura.
—Écheselas usted al Santísimo.