La cólera de Amalia.

A la mañana siguiente, Paula, por orden de su señora, llevó a la niña al cuarto de la plancha, la sentó en una silla alta y pidió las tijeras a la doncella, que cosía al pie del balcón.

—¿Qué vas a hacer?—preguntó Josefina.

—Cortarte el pelo.

—¿Por qué?... Yo no quiero que me cortes el pelo.

Y se bajó resueltamente de la silla. Paula tornó a alzarla.

—¡Quieta!—le dijo severamente.

—¡Yo no quiero!... ¡no quiero!—exclamó con graciosa resolución.

—La verdad es que da lástima cortar un pelo tan hermoso—dijo otra de las doncellas, que estaba planchando.

—¿Qué quieres, hija? Quien manda, manda.