—D. Jeremías es hombre de muchas letras. Algo me parece que habrá mojado en este matrimonio, porque le quiere a usted mucho.
—Es quien lo ha hecho todo—respondió con la misma inocencia el joven.—Él me presentó a la familia y fue quien dio todos los pasos... ¿Quiere usted conocer a mi novia?... Voy a darle un ejemplar de la Historia de Santa Isabel que trae su retrato...
El hijo predilecto de la Iglesia, sonriente y ruborizado, sacó del bolsillo del gabán un librito de cubierta elegantemente impresa a dos tintas, lo abrió por la primera página, donde aparecía el retrato de la santa duquesa de Turingia grabado en madera, y lo entregó abierto a la señá Rafaela.
—Es guapa la chica y muy joven... y le sienta bien la corona—manifestó la prendera después de calarse los lentes.—Oiga, Godofredito, tengo una idea de que había usted pedido el retrato a Presentación, su antigua novia, para este mismo libro...
—Sí, señora, se lo había pedido—respondió el joven con embarazo.—Y ya estaba grabado, pero las circunstancias... ya ve usted...
—Sí, sí; me hago cargo... La pobrecita está bien desfigurada. El otro día la he visto con su madre en la calle del Carmen.
—No ha sido precisamente eso lo que me ha detenido.
—Tiene mucha razón; la hermosura es cosa pasajera... Pero no le convenía por la posición. Usted merece una chica rica...
—Tampoco es eso—se apresuró a decir Llot.—Lo único que ha enfriado nuestras relaciones y ha concluido por romperlas son las ideas de su padre. De algún tiempo a esta parte ¡se ha vuelto tan impío y materialista! No hace más que escandalizar en todas partes.
—¡Eso, eso es precisamente lo que yo estaba pensando!—exclamó la anticuaria.—Un caballero de tanta religión como usted no podía emparentar con un hombre tan escandaloso. ¡Toda, la culpa la tiene ese bribón de las gafas!—añadió arrojando miradas fulgurantes hacia el sitio donde estaba Moreno.—¡Si don Pantaleón antes era un bendito! Recuerdo que una vez que estuve en su casa se levantó una tempestad de truenos y relámpagos. Pues él fue quien cerró los balcones y encendió la tenebraria y el primero que se puso a rezar a Santa Bárbara.