Las pocas lanchas que habían obedecido a la señal de José, regresaron al puerto antes del amanecer: sus tripulantes quedaron corridos y pesaroso al ver que tan ruinmente se les había engañado; mucho más con la matraca que las mujeres les dieron en casa.

—¡Siempre habías de ser tú el tonto! ¡Cuándo acabarás de saber con quién tratas, hombre de Dios?[160.3] ¡Ya verás qué marea hoy... ya lo verás!

Ellos callaban, según su costumbre, reconociendo la verdad que las asistía,[160.4] y haciendo juramento interior de no caer otra vez en el lazo.

Pero al entrar el día se modificó un poco la opinión: era tan triste el aspecto del mar, y el cariz tan feo, que ya no les pesó mucho de la holganza. Cuando envuelto en un chubasco se sintió en el pueblo el primer ramalazo del Noroeste, algunos se volvieron a sus esposas sonriendo:

—¿Qué te parece? ¿Te gustaría que anduviese por la mar ahora, verdad?

Les tocó entonces callar a ellas. El segundo ramalazo, mucho más fuerte que el primero, puso en conmoción al vecindario. Acudieron hombres y mujeres a la ribera, y desde allí, a despecho del agua que caía a torrentes, subieron a San Esteban. El miedo y la zozobra se pintó tan pronto en todos los semblantes, que advertía bien claramente del desasosiego supersticioso que había reinado en el lugar todo el invierno. Las mujeres miraban con el rabillo del ojo a los marineros viejos: estos torcían el hocico.[161.1] Algunas se arrojaban a preguntar:

—¿Hay cuidado, tío Pepe?

El tío Pepe, sin apartar los ojos del horizonte, contestaba:

—Muy bueno no está... Pero la mar no dijo todavía «aquí estoy.»

Lo dijo, sin embargo, más pronto de lo que se pensaba. La tormenta vino repentina, furiosa; la mar se revolvió en un instante de modo formidable, y comenzó a romper en los Huesos de San Pedro, que era el bajo[161.2] más cercano a la costa: al poco tiempo rompió también en el Cobanín, que era el más próximo por el otro lado de la ensenada. La muchedumbre que coronaba el monte de San Esteban contempló con pavor los progresos de la borrasca: algunas mujeres comenzaron a llorar.