—¡No os lo dije yo!—exclamó Bernardo dirigiéndose a sus compañeros.—Ya veréis como no llega a ochenta la que más lleve a casa. Cuando un hombre se quiere casar, aguza las uñas que asombra[11.6]...
Todos los rostros se entornaron sonrientes hacia el patrón, en cuyos labios también se dibujó una sonrisa, que hizo más bondadosa aún la expresión de su rostro.
—¿Cuándo te casas, José?—preguntó uno de los marineros.
—Tomás y Manuel ya amuraron para tierra—dijo él sin contestar.—Suelta esa driza, Ramón; vamos a cambiar.[12.1]
Después que se hubo efectuado la maniobra, dijo Bernardo:
—¿Preguntabais cuándo se casa José?... Pues bien claro está... En cuanto[12.2] se bote al agua la lancha.
—¿Cuándo le dan brea?
—Muy pronto: el calafate me dijo que antes de quince días quedaría[12.3] lista—repuso Bernardo.
—Habrá tocino y jamón aquel día; ¿eh, José?
—Y vino de Rueda superior—dijo otro.