—Hola José; ¿ya has despachado?

—Nos falta[16.1] arrastrar los barcos. ¿Trajeron todo el pescado?

—Sí, aquí está ya. Dime—continuó, acercándose a José,—¿a cómo lo habéis puesto?

—A real y medio; pero a tu madre se lo he puesto a real.

El rostro de Elisa se enrojeció súbitamente.

—¿Te lo ha pedido ella?

—No.

—Sí, sí; no me lo niegues; la conozco bien...

—Vaya, no te pongas seria[16.2]... Se lo he ofrecido yo a ese precio, porque comprendo que no puede ganar de otro modo...

—Sí gana, José, sí gana—dijo con acento triste la joven.—Lo que hay es que quiere ganar más... El dinero es todo para ella.