Ambos entraron en la taberna más próxima y se fueron a sentar en un rincón apartado: pidió José pan, queso y vino; comió y bebió el Sr. de Meira con singular apetito; el joven le miraba con el rabillo del ojo[42.3] y sonreía. Cuando terminaron, salieron otra vez a la calle despidiéndose como buenos amigos. El pescador siguió un instante con la vista al caballero y murmuró:

—¡Pobre D. Fernando! ¡Tenía hambre!

La figura de éste se borró entre las sombras de la noche. Iba, como otras muchas veces, a pedir dinero a préstamo. En el pueblo todos tenían noticia de estas excursiones secretas por los pueblos comarcanos; a veces extendía sus correrías hasta los puntos más lejanos de la provincia, siempre de noche y con sigilo. Por desgracia, el Sr. de Meira tornaba casi siempre como había ido, con los bolsillos vacíos; pero erguido siempre y con alientos[43.1] para emprender otra campaña.

Prosiguió José su camino hacia casa, a donde llegó a los pocos instantes. Halló a su madre en la cocina y cerca de ella a sus dos hermanas. Al verlas se oscureció aún más su semblante. Estas hermanas, de más edad que él, estaban casadas hacía ya largo tiempo; una de ellas tenía seis hijos. Vivían cada cual en su casa; el marinero sabía por experiencia que siempre que se juntaban con su madre, de quien habían heredado el genio y la lengua, caía sobre él algún daño. Aquel conciliábulo a hora inusitada le pareció de muy mal agüero; y él, que todos los días arrostraba las iras del océano, se echó a temblar delante de aquellas tres mujeres reunidas a modo de tribunal. Antes de que la borrasca, que presentía, se desatase, trató de marchar a la cama, pretestando cansancio.

—¿No cenas, José?—le preguntó su madre.

—No tengo gana: he tomado algo en la taberna.

—¿Has hecho cuenta con la señá Isabel?

Esta pregunta era el primer trueno. José la escuchó con terror, contestando, no obstante, en tono indiferente:

—Ya la hemos hecho.

—¿Y cuánto te ha tocado de estas mareas?[43.2]—volvió a preguntar la madre mientras revolvía el fuego afectando distracción.