—¿Gusta Elisa cangrejos?
—Todos, Elisa;[54.1] todos, Elisa—dijo con énfasis, extendiendo las manos y señalando la orilla de la mar.
—Gracias, Rufo, gracias; tú quieres mucho a Elisa, ¿verdad?
—Sí, señá Isabel, yo quiere mucho Elisa.[54.2]
—¿Te casarías con ella de buena gana?
El rostro del tonto se contrajo extremadamente por una sonrisa; quedó confuso y avergonzado mirando a la señá Isabel sin atreverse a contestar.
—Vamos, di, ¿no te casarías?
—Usté[54.3] no quiere—dijo al fin tímidamente.
—¿Yo no quiero? ¿Quién te ha dicho eso?