—Usté quiere José.
—¡Bah! si José fuese pobre no le querría: tú me gustas más; eres más guapo, y no hay en Rodillero quien toque como tú las campanas.
—José no sabe—dijo el idiota con acento triunfal, manifestando una gran alegría.
—¡Qué ha de saber! José no sabe más que pescar bonito y merluza...
—Y besugo—apuntó Rufo, pasando súbito del gozo a la tristeza.
—Bueno; besugo también, ¿y qué? En cambio tú pescas cangrejos y pulpos... y lapas... y bígaros... y erizos... y ostras. Además, tú pescas solo, sin ayuda de nadie, mientras José necesita que le ayuden los amigos: ¿quieres decirme lo que pescaría José si no tuviese una lancha?
—Tiene dos—volvió a apuntar tristemente Rufo.
—Bien, pero la vieja ya vale poco... ¡Si no fuese por la nueva!... Si no fuese por la nueva no le daría yo a Elisa, ¿sabes tú?...
Los ojos zarcos y apagados del idiota brillaron un instante con expresión de ira.
—Yo echo pique[55.1] lancha nueva—exclamó dando[55.2] con las tenazas que tenía en la mano sobre la peña.