Ambos guardaron silencio como si caminasen bajo el peso de una grave desgracia. Pepe Castro meditaba.

—Estás perdido, Ramón—dijo al fin tirando la punta del cigarro y frotando la boquilla con el pañuelo antes de guardarla—. Estás completamente perdido. Todo eso que me cuentas no tiene sentido común. Si supieses conducirte no hubieras llegado a semejante estado. A las mujeres se las trata siempre con la punta de la bota: entonces marchan admirablemente….

Después de verter estas breves y profundas palabras, se paró delante de un escaparate.

—Hombre, mira qué collar tan bonito. Si le viniese bien al Perl se lo compraba.

Ramoncito miró el collar sin verlo, enteramente absorto en sus tristísimos pensamientos.

—Pues, sí, Ramoncillo—continuó el distinguido salvaje echándole un brazo sobre el hombro—, estás perdido…. Sin embargo, yo me comprometía a lograr que Esperanza te quisiera con tal que hicieses lo que te he dicho…. Ensaya mi método.

—Ensayaré lo que quieras. Deseo salir a todo trance de esta situación—repuso el concejal conmovido.

—Pues mira, por lo pronto no irás a casa de Calderón sino cada ocho o diez días…. Iremos juntos o nos encontraremos allá. No debes quedar solo: en un momento de debilidad echarías a perder toda la obra. Hablarás poco con Esperanza y mucho con las chicas que allí estén. Procura ensalzar a las rubias, a las altas, a las blancas, en fin, a las mujeres que tienen el tipo opuesto al de ella y no dejes de entusiasmarte bastante. Llévale la contraria, pero sin apurarte mucho. Eres muy testarudo y no conviene disputar demasiado. Un tono suave y despreciativo surte mejor efecto. Lo más conveniente es que me mires de vez en cuando. Yo te haré alguna seña con disimulo: de este modo irás siempre pisando en firme….

Todavía, antes de llegar a la puerta de la casa de Calderón, tuvo tiempo Castro para ampliar con otros valiosos datos esta gallarda muestra de su talento didascálico. Sólo una inteligencia maravillosamente perspicua unida a larga y aprovechada experiencia, sólo un espíritu refinado podía penetrar tan hondamente en el secreto conflicto que la resistencia de Esperanza a consagrar su corazón a Ramoncito, había creado. Al mismo tiempo era el único que podía darle una solución satisfactoria. El joven concejal llegó al domicilio de su adorada en un estado de relativa tranquilidad. En cuanto a sus propósitos íntimos, sólo podemos decir que iba determinado a revestirse de un gran aspecto de dignidad y a oponer abierta resistencia a las tendencias invasoras de la niña de Calderón.

Para comenzar juzgó oportuno meter las manos en los bolsillos y plegar los labios con una sonrisilla irónica y protectora. De esta suerte entró en el gabinete donde estaba reunida la familia del opulento banquero, balanceando la cabeza como si no pudiese con ella a causa del número incalculable de pensamientos que guardaba dentro, de los modales elegantes a los modales groseros no hay más que un paso, como de lo sublime a lo ridículo. Así que, no nos atrevemos a asegurar que Ramoncito, en la primera etapa de su conversación con Esperancita, se mantuviese siempre del lado de acá de la elegancia. Hay algún fundamento para pensar que no fué así. Lo que, salvando nuestra conciencia de historiadores veraces podemos afirmar, es que Esperancita tardó bastante tiempo en advertirlo, y que después de advertirlo no causó en ella la honda impresión que debía esperarse.