—¡Qué simple eres, criatura!—dijo la Amparo volviéndose a ella—. ¿Te figuras que eso es cierto? Clementina le tiene más sumiso que un perrillo de lanas. Si se le antoja, le hace lamer la planta de sus pies.

—¡Sí; lo mismo que tú a su papá!—respondió furioso Castro—¿Vosotras, por lo visto, os habéis llegado a figurar que soy un cadete de infantería? Pues ya veréis lo que me importa por esa señora….

—¿De veras?—preguntó Alcántara.

—De veras: me voy aburriendo ya.

Castro, previniendo una próxima ruptura con su amante, preparaba una cama blanda a su reputación de seductor para que no sufriese desperfecto.

—Os enfadáis conmigo—siguió—porque llego tarde…. ¿Y León? ¿Dónde está León?

—León, aquí está—profirió una voz sonora detrás.

Y el propio León avanzó hasta el medio de la estancia y se puso a parodiar, con entonación y mímica de cómico de la legua, una zarzuela muy conocida:

Yo soy aquel conde de Agreda llamado,
que en lides sin cuento probó su valor.

—Oye, nene—dijo Socorro tirándole de los faldones del frac—, tengo que ajustarte una cuenta.