—El primer piso—dijo el director al pasar por delante de una abertura negra.
Nadie hizo observación alguna. Aquella suspensión en el abismo, en lo desconocido, paralizaba su lengua y hasta su pensamiento.
—El segundo piso—volvió a decir el director al cruzar rápidamente otro agujero negro.
Y así fué dando cuenta de todos hasta llegar al noveno. Allí percibieron ruido de voces y vieron iluminada la abertura.
—Aquí es donde vamos a almorzar. Antes visitaremos el onceno para ver los trabajos.
Después de pasar el décimo, gritó con toda su fuerza:
—¿Están echados los taquetes?
Se oyó una voz lejana en el fondo que decía:
—No.
—¡Echarlos ahora mismo!—gritó el director agitado.