—No sé—repuso Cobo dando un chupetón al cigarro mientras sus facciones se contraían con una leve sonrisa burlona—. Si le contradigo se enfada, y si repito lo que él dice, lo mismo.
—¡Se entiende, chico, se entiende! Si ya sabemos que eres un guasón de primera fuerza. No necesitas esforzarte más delante de estos señores…. Pero lo que es ahora, has dado una buena pifia.
—Yo sostengo lo mismo que el general. El dúo estuvo muy mal cantado—dijo con calma provocativa Cobo.
—¡Qué importa que tú sostengas uno u otro!—exclamó ya fuera de sí
Maldonado—. ¡Si no conoces una nota de música!
—¡Alto! Tengo más derecho a hablar de música, puesto que no cencerreo como tú el piano. Por lo menos soy un ser inofensivo.
Siguió una disputa larga entre ambos, viva y descompuesta por parte de Ramoncito, tranquila y sarcástica por la de Cobo, que se gozaba en sacar a aquél de sus casillas. No poco se divertían también los presentes, poniéndose unos de parte del concejal y otros de su competidor para más prolongar el recreo.
—¿Sabéis que esta tarde se bate Alvaro Luna?—dijo uno cuando ya iban hastiados de los dimes y diretes del concejal y Cobo.
—Eso me han dicho—respondió Pepe Castro cerrando los ojos con voluptuosidad, mientras chupaba el cigarro—. En el jardín de Escalona, ¿verdad?
—Creo que sí.
—¿A sable?