—A sable.

—Vamos, un chirlo más—manifestó León Guzmán desde su asiento.

—Con punta.

—¡Oh! ya es otra cosa.

Y los salvajes presentes mostraron entonces interés en el duelo.

—Alvaro tira poco. El coronel debe llevarle ventaja. Es más hombre, y además tira con energía.

—Con demasiada—dijo Pepe Castro sacando el pañuelo después de haber arrojado la punta del cigarro y poniéndose a frotar con esmero la boquilla.

Todos volvieron los ojos hacia él porque tenía fama de habilísimo tirador.

—¿Crees tú?

—Desde luego. La energía es conveniente hasta cierto límite. Pasando de él, muy expuesta, sobre todo cuando los sables tienen punta. Si se las cortasen, todavía redoblando los ataques sin descanso se puede hacer algo. Por lo menos, es posible aturdir al contrario. Pero cuando la llevan hay que andarse con ojo. Alvaro no tira mucho; pero es frío, tiene un juego cerrado y estira el pico que es un primor. Que no se descuide el coronel.