—Siempre va la desgracia con la hermosura—apuntó con tonillo irónico
Ramoncito.
—¿También tú, Ramón?—exclamó con afectado asombro Cobo—. Vamos, llegó el momento de que los pájaros tiren a las escopetas.
—Pues, señores, confieso mi debilidad. No puedo estar al lado de esa chica sin ponerme malo—dijo León Guzmán.
—Ni esa niña puede tampoco estar al lado de un chico tan guapo y tan risueño como tú sin ponerse enferma también—dijo Rafael Alcántara.
—¿Me quieres seducir, Rafael?
—Sí, chico, para que me dejes mañana la llave de tu cuarto y no parezcas en toda la tarde por allá. Lo necesito.
—Es que tengo una colcha preciosa de raso.
—Se cuidará de la colcha.
—Y hay además un criado que se dedica, con gran afición, al dibujo por las tardes.
—Se le darán dos duros al criado para que vaya a dibujar a otro lado.