—Oiga usted, ¡sucio, canalla, desorejado!—profirió D. Peregrín, dirigiéndose al excusador.—¿Qué situación es ésta para un sacerdote? ¿No se le cae la cara de vergüenza?

D. Martín de las Casas le agarró con la mano izquierda por el brazo, y empujándole contra la pared, le vomitó con voz campanuda, blandiendo al mismo tiempo el bastón:

—¡Granujota, indecente! ¡En buen lugar has dejado a los que te sacaron del polvo! ¡Miserable gusano, debiera aplastarte y arrojarte después como una piltrafa a la calle para que te coman los perros! Debiera clavarte por las orejas a la pared y exponerte a la vergüenza pública... Por lo menos debiera romperte las costillas con este bastón, ¡y me están dando ganas de hacerlo!

No sería difícil, mejor dicho, sería casi seguro que el enérgico inválido satisficiera en esta ocasión, como en tantas otras, su apetito desordenado de contundir a sus semejantes, si no fuera porque en aquel instante se interpuso la huéspeda.

—¿Qué va usted a hacer, caballero? ¡Maltratar a un sacerdote!... En mi casa no se dará tal escándalo...

Repuesto un poco de la sorpresa el P. Gil, dijo con firmeza entonces:

—Señores, esta joven se ha desmayado al tiempo de venir en mi socorro por haberme caído. La he acompañado hasta aquí, a ruego suyo, porque desea entrar en un convento y consagrarse a Dios, a lo cual su padre se opone sin razón ni derecho y para ello la maltrata bárbaramente...

—¡Maltratar yo a mi hija, canalla!—gritó en el colmo de la indignación el jorobado, que había conseguido trasportar a Obdulia hasta la cama y se disponía a echarle agua en la cara.—Miente usted y miente quien lo diga. Yo no sabía siquiera que deseaba entrar en un convento... ni me hubiera opuesto a ello.

El P. Gil quedó estupefacto, sin acertar a decir una palabra, porque el acento de Osuna denotaba sinceridad.

—Yo creo que lo que procede en este caso—manifestó D. Peregrín con su voz gangosa, administrativa,—es dar inmediatamente conocimiento del hecho a la autoridad civil... A mí se me presentó un padre, siendo gobernador de Tarragona...