—Basta. Retírese usted.
—¡Señor presidente!...
—Que se retire usted inmediatamente, o será expulsado por los hujieres.
Rojo de confusión, trémulo y aturdido, a punto de llorar, el hombre que rigió los destinos de la provincia de Tarragona por más de dos semanas, salió al fin de la estancia dando traspiés.
—Señor presidente—manifestó el abogado acusador con entereza,—esa orden debilita la prueba que propongo y me parece arbitraria...
—¡Llamo al orden al letrado!—gritó furioso el presidente, agitando la campanilla.
—Señor presidente, yo entiendo que se vulneran los derechos de la acusación...
—¡Llamo por segunda vez al orden al letrado!—gritó más furioso aún el presidente, levantándose a medias del asiento y golpeando la mesa con la campanilla.
—Pues formulo la correspondiente protesta.
—Proteste usted cuanto quiera, pero absténgase en lo sucesivo de dirigir palabras irrespetuosas a la presidencia.