Autores y libros

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Después de los políticos, los literatos somos lo peor en cada país. La política es la región del interés y la vanidad; el arte solamente de la vanidad. Un artista prescindirá sin inconveniente del almuerzo si os dignáis elogiar sus obras: en el caso de que habléis mal de las de sus colegas prescindirá también de la cena. Un político necesita además «champagne» y buenos cigarros. Tratándose no obstante de adulación tiene el estómago menos delicado que el literato. Cuando yo era joven y asistía á ciertas tertulias de políticos he visto á más de uno engullir con fruición verdaderos platos de taberna.

Se habla, sin embargo, demasiado de la vanidad de los poetas; como si los que no lo son estuvieran exentos de ella. Todos los que ejecutan alguna obra en este mundo, y hasta los que no ejecutan ninguna, se juzgan dignos de ser celebrados.

Entre los grandes literatos, según dicen, el francés es el más puntilloso e insufrible. Ignoro si esto es así, porque no tengo el honor de tratar á ninguno. Pero en España existía hace años un famoso poeta á quien preguntaba en cierta ocasión uno de sus jóvenes admiradores:

—Dígame, usted, don M..., ¿quién es más grande poeta, Shakespeare ó usted?