Quizá el dormido despierte, quizá se restregue los ojos y después de vacilar le responda: «¡Para qué!» Y se vuelva del otro lado para seguir durmiendo.

Acaso tenga razón. ¿Qué es lo que vería al ponerse en pie? Campos desecados, hombres hambrientos, el nepotismo dictando órdenes, la injusticia erigida en sistema, la frivolidad soltando carcajadas estúpidas, una política mezquina envenenando las inteligencias más altas y los más nobles caracteres...

¡Duerme, pueblo español, duerme! Vale más vivir dormido que despierto y desesperado.


El Krishna de las trincheras

——

La repetición es la ley de la vida. Se repiten los hechos y también los pensamientos. Lo que pensaron nuestros más antiguos progenitores cuando comenzaron á pensar, eso es lo que ahora pensamos nosotros.

En presencia de la necesidad ineluctable, acosado por los rigores de la Naturaleza, el hombre se refugia en su propia alma y adopta un estoicismo fatalista que le emancipa del dolor. Toda la filosofía del Oriente se halla impregnada de tal estoicismo; la griega lo hizo suyo en el Pórtico; los hombres más grandes de la antigüedad le rindieron culto. Y en nuestros mismos días, cuando la fe cristiana no endulza nuestra amargura, cada hombre lucha con el dolor poniendo su alma de punta á los sucesos y entregando su pensamiento al oráculo de la fatalidad.