Aunque llorabais, como es justo, la pérdida de vuestra Alsacia y Lorena, no esperabais recobrarlas más que por medios diplomáticos.

Se os ataca indignamente. La razón y la justicia están de vuestro lado. Por lo tanto, á vuestro lado estoy y quisiera poder probároslo de otro modo más eficaz que con palabras.

Silenciosamente me estrecharon todos la mano. Uno dijo al cabo, con grave acento:

—Basta de humillaciones. Concluyamos de una vez.

Y los demás repitieron, uno tras otro:

—¡Es preciso concluir, es preciso concluir!

Me separé de ellos y me volví, siguiendo la carretera al borde de la ría. Sentado en una lancha, arreglando unas redes, vi á un joven pescador con quien yo solía departir.

—¿Has oído?—le pregunté, apuntando al sitio donde sonaba el tambor.

—Sí; he oído. Es preciso concluir—me respondió secamente sin levantar la cabeza.

Seguí caminando por la carretera y vi llegar hacia mí una jovencita que solía ir por mi casa á vender pescado.