¿Y Después?

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Y de esta guerra increíble, que jamás se ha visto ni se volverá á ver sobre la tierra, ¿qué es lo que quedará? Esos arroyos de sangre, filtrándose en la tierra, ¿fecundaran su seno? ¿Secaran, por lo contrario, las raíces de las flores y nuestro planeta será para siempre un recinto siniestro de dolor y de espanto?

No soy optimista ni pesimista. Pensar que la guerra se halla en el orden de lo creado y que es de necesidad periódicamente para aliviar los excesos de la fecundidad, me parece blasfemo. Nunca he creído en la utilidad del mal; nunca he creído tampoco que procediese de Dios. Nuestra Libertad, que es nuestra perfección y nuestra imperfección á la vez, es la que engendra todas las depravaciones que observamos en el mundo. Y el mismo Dios no puede nada contra nuestra libertad.

Pero imaginar que el Espíritu de Verdad y de Justicia que gobierna el mundo se va á cruzar de brazos y no ha de sacar partido para nuestro bien de nuestros mismos errores y maldades, es igualmente vituperable.

Amontonamos sobre el camino en nuestra peregrinación por la tierra obstáculos infranqueables; pero una mano divina los separa. Sembramos abrojos; pero hay quien se encarga de limpiarlos y guarnecerlos de flores.

La guerra presente, que es un mal, engendrará algunos bienes. No hablemos de razas perdidas, aniquiladas, que preparan el terrero para otras nuevas. No hablemos tampoco de viejos sistemas que se deshacen para hacer sitio á otros más perfectos.

No digamos que la ferocidad es necesaria para el equilibrio de la existencia y que está justificado el predominio de los más fuertes. Este es el lenguaje de la impiedad que yo no sé balbucear. Pensemos más bien que el hombre no está hecho para la guerra sino para la paz, porque no es una continuación del animal, sino un salto fuera de él. Estamos compuestos de átomos brutos; pero no somos un átomo bruto. Si alguna vez dentro de nosotros ruge el león y grazna el buitre no nos inquietemos, porque están enjaulados.

Las naciones, como los individuos, sufren accesos periódicos de cólera. La cólera la han definido los fisiólogos una locura breve. Esta locura deja rastro pernicioso casi siempre en nuestro organismo, turba el equilibrio de nuestros humores, causa desperfectos en la máquina corporal.