El moribundo, que tenía los ojos cerrados, repitió:
—Jesús.
—Los espíritus malignos me acompañen.
El tío Lucas sin abrir los ojos dijo:
—¡No!
—Sí, Lucas, sí; di conmigo: «¡Jesús!»
—Jesús—repitió el tío Lucas.
—Los espíritus malignos me acompañen.
—¡No! ¡No!
—¿Por qué no, Lucas, por qué no? ¡Mira que estás a las puertas de la muerte!—exclamó el tío Pablo con impaciente solicitud—. Vamos, no seas burro, di conmigo: «¡Jesús!»