Paca, orgullosa, sonriendo levemente, dejó volar otra copla.

Antonio, loco de entusiasmo, le arrojó el sombrero á los pies, gritando:

—¿Dónde has nacido, Paca?

—¡Qué ocurrencia!—respondió riendo—En la calle de la Verónica.

—¡Falso! Tú has nacido en la alcoba en que durmió María Santísima cuando pasó por Sanlúcar.

Paca volvió á cantar respondiendo al requiebro:

«¡Qué desgraciada nací,
que en la pila del bautismo
faltó la sal para mí!»

Aquel rasgo gracioso de modestia levantó gran alborozo.

—¡Ole por las mujeres simpáticas!—¡Todo el mundo á quererla!—¡La pura arropía!...

Y sonaban las palmas, y chocaban los vasos y gritaban como energúmenos jaleando á la cantaora. Pero aquel entusiasmo se enfrió momentáneamente porque, Antonio, con uno de sus descompasados ademanes, echó á rodar una caña y la quebró. María-Manuela, asustada, hizo callar á todos y declaró que el romperse un vaso es muy malo y anuncia disgustos. La única manera de evitarlo era recoger todos los pedazos y tirarlos al pozo. Así comenzó á ejecutarlo con gran solicitud mientras los demás se reían de su credulidad. Algunos por burla la ayudaban.