—Al primero montado.

—¡Ah!

Y guardaron silencio. La tristeza les dominaba a todos, asfixiando la conversación, que otras veces solía ser muy animada, aunque versara sobre menudencias domésticas. Don Mariano la entabló de nuevo en tono triste y distraído.

—¿Has estado ya alguna vez en Valencia?

—Sí, señor; he pasado allí un mes hace algunos años.

—Es muy bonito aquello, ¿verdad?

—Sí, muy bonito.

—Muchas naranjas, ¿eh?

—Muchas.

—Creo que es una población alegre.