—¡Facundo!... ¡Mi fraternal amigo Facundo!

—¡El Sr. Hojeda!

—Ni una palabra más—manifestó extendiendo su brazo con majestad.—Eres individuo de mi familia; estás casado, y te he comunicado mi secreto para prevenirte. Una espantosa catástrofe se cierne sobre nuestras cabezas.

—¡Pero tío!...

—Ni una palabra más.

D. Bernardo se agarró acto continuo á las anillas, levantó con energía los pies é hizo la sirena. Miguel salió del gabinete convencido de que, si no estaba loco ya, andaba muy próximo á la locura.

XI