—¡Ah! ¿Viene usted á insultarme?
—¿En qué crónica ha leído usted que un Rivera haya insultado jamás á una Losilla?
—Nunca hasta ahora; pero en los siglos venideros se sabrá que un Rivera ha tenido la descortesía de decir á una Losilla que trae lunares postizos.
—¡Vive Dios, que mentirá el cronista que tal refiera! El Rivera ha dicho, y resuelto está á mantenerlo con las armas en la mano, que la Losilla tiene hermosos lunares en su rostro, y que ellos son tales y de tal guisa derramados, que el más sutil artífice no los esparciría con más primor.
—Dejémonos de fablas. Lo importante aquí es que yo no quiero que usted se acerque á mí y tome ese aspecto de seductor aburrido, ¿lo oye usted? La gente se va á figurar que me está usted haciendo el amor.
—Bien; no le haré á usted el amor. ¿Qué quiere usted que le haga entonces?
Filomena volvió á lanzarle otra mirada de falsa cólera.
—¡Qué gracioso! ¿Sabe usted, Sr. de Rivera, que á pesar de su audacia, se me figura usted una criatura que quiere sacar los pies de las alforjas?
Miguel sonrió sin acortarse.
Maximina, allá enfrente, les dirigía frecuentes y tímidas ojeadas.