—¿Conque usted quiere ser diputado por Serín?
—Si usted no se opone á ello...
—¡Yo qué me he de oponer! Basta que usted sea hijo del brigadier Rivera y amigo de Mendoza. Además, la elección no podría ser más acertada: usted es un joven de talento, como ya lo tiene demostrado; pertenece al elemento democrático del partido, que dispone dentro de él de un respetable contingente; es usted independiente por su fortuna... Con hombres como usted, los jefes de Gobierno deben tener mucha cuenta y procurar á toda costa atraérselos. Á nosotros nos convienen los jóvenes de inteligencia y de porvenir; los astros que se levantan. En cuanto á los que se acuestan, cama de pluma para que descansen. Esta es la vida pública.
Quedóse unos instantes pensativo, dió una chupada al cigarro y añadió:
—No conozco el distrito de Serín. ¿Usted sabe cómo anda aquello, Mendoza?
—Me parece que el Gobierno dispone de él en absoluto. El General no ha tenido siquiera oposición.
—Bien; pero hay que tener presente que el General es figura de primera magnitud en la política, y que su nombre bastaría para ahuyentar toda oposición.
—Sin embargo, yo creo que el distrito, con pequeño esfuerzo que el Gobierno haga, es seguro.
—¿De veras?
—Sí, señor.