XX
N estos mismos días fué cuando Enrique tomó la determinación de «arrastrar por el lodo el honor y el decoro de su familia.» Al efecto, se personó una tarde en casa de Miguel y le comunicó su proyecto advirtiéndole, con lágrimas en los ojos, que su intención no era arrastrar cosa alguna y mucho menos el honor de la familia, sino cumplir lealmente el compromiso que había contraído y la palabra que había dado á Manolita.
—Soy caballero, Miguel. Yo no puedo faltar decentemente á esa chica. Ponte en mi caso. Bien comprendo que mi familia tiene razón para oponerse á este matrimonio. Pero te juro que no es mi ánimo arrastrar su decoro. ¿Por qué había de arrastrarlo? ¿Qué gusto había de tener yo en arrastrarlo, vamos á ver?
—Es claro; tú no debes de tener ningún motivo de resentimiento con el decoro de tu familia.
—¡Naturalmente!
Después, algo remolón y acobardado, le confesó que traía una pretensión, la cual costó mucho trabajo hacerle desembuchar.