—¡Oh, qué desgracia!

—¿Qué hay?

—Que mi tío se marcha hoy para Sevilla y aún no he estado en casa del notario á arreglar los papeles de mamá.

—¡Qué cabeza de chorlito! Anda, ve á recogerlos; tienes tiempo.

—¡Oh, si se tratase de recoger solamente!... Tengo que examinar buena porción de ellos y echar algunas firmas.

—¡Corre entonces, haragán... corre!... De seguro que tu mamá me va á echar á mí la culpa de tus distracciones.

Julita dijo esto fingiendo enfado; mas sin poder ocultar el placer que el supuesto le causaba.

—¡Yo que iba á pasar una tarde tan deliciosa! ¡Meterme ahora en el archivo de un notario á comer polvo y á calentarme la cabeza!

—Anda, anda; lo primero es lo primero... De todos modos, llevabas camino de decir muchas mentiras esta tarde.

—Verdades como puños, prima divina.