—¡No, no; yo no quiero que vayas!—exclamó agarrándose á él fuertemente.
—Maximina, eso no es digno de tí—repuso Miguel dulcemente.—¿Han robado á mi hermana y quieres que no vaya en su busca?
—¿Y si te mata ese hombre? ¡Mira que es capaz de todo!
—¿Por qué ha de matarme? Yo no voy á Sevilla más que á buscar á mi hermana. Como supongo que él no se negará á entregármela, pasado mañana estaré aquí con ella. Lo demás ya se arreglará.
—¿Me juras que no vas más que á eso? ¿Que no le provocarás?
—Te lo juro.
Juró en falso el hijo del brigadier. Nadie le motejará por ello.
Cuando llegó el momento de partir, su esposa, deshecha en llanto, volvió á hacerle repetir el juramento. Después, reteniéndole por las manos, le dijo:
—Júrame también que has de ser bueno con Julia que no le dirás ninguna palabra dura.
También lo juro.