Con estas dos promesas, Maximina le dejó marchar. Después salió al balcón, y alzando al niño entre sus brazos se lo mostró, como para obligarle más á que no expusiera su vida.
Al llegar á Sevilla, se enteró Miguel de que no estaban allí su hermana y D. Alfonso. Visitó á la madre de éste y quedó dolorosamente sorprendido al saber que esta señora no tenía noticia del acto llevado á cabo por su hijo, ni siquiera que mantuviese relaciones amorosas con Julia. Todas las dudas de Miguel se disiparon. Saavedra había robado á su hermana para hacerla su... La palabra no quería formarse en el cerebro.
Lo primero que pensó, cuando se hubo serenado un poco, es dónde pudo haberla llevado, no estando en Sevilla. Se le ocurrió que pudieran haber ido á Cádiz y embarcarse allí; pero habiendo hecho algunas pesquisas, no logró comprobar la hipótesis. Entonces determinó volverse y preguntar en todas las estaciones del tránsito por si alguno se acordaba de haber visto aquella pareja, cuyas señas podía dar bien. Nada supo de ellos, hasta la estación de Algodor.
Allí un mozo se acordaba de haber trasladado de un coche á otro unos abrigos, á un caballero de tales señas que iba con una joven como Miguel le pintaba; por cierto que el caballero le había dado la suma fabulosa de un duro, lo cual, en verdad, no poco contribuía á que se acordase.
Como en aquella estación se dividía la línea de Andalucía y la de Extremadura y Portugal, Miguel tuvo la sospecha vehemente, casi la certeza, de que habían ido á este último punto, y tomó billete para Lisboa. Al llegar aquí, el procedimiento que siguió fué ir preguntando en las principales fondas por la pareja de jóvenes españoles, juzgando, con acierto, que si estaban allí se alojarían en una de ellas. En efecto, á la cuarta ó quinta que recorrió dió con ellos.
—¿Están en casa, ó han salido?
—No los he visto salir—respondió en portugués el portero.—¿Quiere su señoría que pregunte?
—No hay necesidad, soy su hermano. ¿Qué número tiene el cuarto?
—Número 16, piso segundo.
Con la terrible emoción que se podrá suponer, subió el hijo del brigadier á la fonda, y recorrió los pasillos hasta dar con el número indicado. Detúvose á la puerta para sosegar su corazón que latía fuertemente. Puso el oído y oyó la voz de su hermana. Levantó con mano temblorosa el pestillo y abrió.