—Ya las compraré.
—Es necesario comprarlas hoy mismo; están muy rotas.
—Bien, sí; hoy mismo mandaré por ellas.
Y procuró distraerle hablándole de otra cosa.
Pasados cinco ó seis días, volvió á observar que traía las mismas.
—¡Qué chiquilla eres, Maximina!—exclamó enfadado.
—¡No me riñas, no me riñas!—se apresuró á decir la niña, abrazándole y sonriendo avergonzada. Una palabra dura de Miguel era para ella el mayor de los disgustos.
—¡Cómo no he de reñirte si ya no me obedeces!
—Perdóname.
—Voy á tomarte la medida y hoy mismo te traigo unas zapatillas.