—Oyes, ¿quieres venirte á dormir hoy conmigo?
La niña le miró asombrada.
—¿Cómo?
—Nada, te vienes ahora á mi cuarto.
—¿Y el niño?
—Lo llevamos con nosotros.
En los ojos de Maximina brilló una chispa de gozo.
—¿Y Juana?
—A Juana la mando que venga á acostarse, y asunto concluído.
—¿Pero qué va á decir cuando se encuentre sola en el cuarto?