—Hasta mañana, Maximina... Que duermas bien.
—La última noche de soltera, querida. Hazte cargo bien de ello, ¡la última noche!—dijo una anciana matrona que había tenido once hijos y seis malos partos.
Maximina sonrió, acortada.
—Adiós, adiós... ¡Qué pena nos va á dar cuando te marches!
Y algunas jóvenes la besaron repetidas veces con grandes extremos de cariño.
—Niña, no olvides que es la última noche de soltera. Piénsalo bien, que el asunto es grave—dijo otra vez la matrona.
Entonces la vieja frunció la frente y dijo por lo bajo á la que estaba á su lado:
—¡Esta chica se figura que va á una romería! ¡Ay, Dios! Se necesita no tener pizca de sentido. El matrimonio es cosa muy seria... muy seria.
Y acerca de la seriedad de este vínculo fué disertando larga y eruditamente hasta su casa.