Un relámpago de ira pasó por los ojos de Miguel. Se le figuró que aquellas palabras iban dirigidas á él, y tuvo en la punta de la lengua un sarcasmo feroz; pero supo reprimirse, considerando que la situación en que su amigo iba á hallarse le disculpaba.

—Y si no creyeras eso harías muy mal en casarte... Tengo entendido que Lucía posee una bonita fortuna, ¿verdad?—añadió, dejando ver claramente cuáles eran, á su juicio, los motivos de aquel matrimonio.

Mendoza, aunque no muy avisado, lo comprendió y repuso de mal humor:

—No sé, no sé... He conocido á Lucía en casa de Borrell, y desde un principio me gustó. ¡Es tan fina y revela tan buenos sentimientos! Á la pobre la casaron medio á la fuerza con un hombre que podía ser su padre. No hubiera sido extraño que se echase á perder. Sin embargo, ella supo conservar su decoro...

—D. Pablo debió de hacer muy buenos cuartos por América, á más de tener ya bastante renta por su casa—dijo Miguel sin hacer caso de las alabanzas de Mendoza.

—La señora de Borrell se puede decir que es la que ha arreglado este matrimonio. No puedes figurarte lo que quiere á Lucía y la buena opinión que tiene de ella.

—Algo se ha mermado la fortuna antigua de D. Pablo en los últimos tiempos, según dicen; pero como entraba más por América que salía por España, deben de existir grandes gananciales, cuya mitad corresponde en pleno dominio á Lucía. Por otra parte, los chicos son de corta edad. El usufructo de toda la hacienda le ha de corresponder por muchos años.

Miguel insistía en este asunto, viendo que molestaba á su amigo, para hacerle pagar las palabras de antes. Estaba tan sorprendido de aquel singular matrimonio, que, cuando por la noche le comunicó la noticia á Maximina, ésta no pudo menos de decirle:

—¿Por qué te enfadas? Aunque Perico se case por interés, no es el primero que lo hace. Lo único que me sorprende es que esa señora concierte el matrimonio siete meses después de la muerte de su marido.

Miguel no podía decirle los motivos que tenía para indignarse, pues procuraba velar á su esposa ciertos vicios sociales. Por otra parte, temía que se renovasen en ella los antiguos celos de Pasajes. Se calmó repentinamente, y lo echó á risa.