—Quizá—dijo ella con franca resolución—; pero así es... Por lo demás, no puedo negarte que me causa pena el verle marchar, sabiendo que es por mi causa. Si le pasa algo en la travesía... o se enferma... o muere, me ha de quedar un poco de escozor en el alma. Aunque ya no me inspira interés, no quisiera hacerle daño... Porque en el fondo no es malo; ¿sabes? No tiene más que mucha fantasía en la cabeza. En cuanto se le quite será un buen hombre... Francamente, sentiría mucho que le sucediese algo malo... ¡Pobre Velázquez!
—Sí, ¡pobre Velázquez! Ni supo querer ni supo ser querido—expresó Uceda poniéndose serio y dirigiendo sus ojos al horizonte.
Soledad le clavó una mirada de sorpresa y admiración. Y a su sabor, en silencio, largo rato estuvo contemplando a aquel hombre tan noble, tan firme, tan sufrido. Un remordimiento punzante le atravesaba el alma. Sintió deseos de arrojarse de cabeza al mar.
La tripulación terminaba los preparativos. El capitán prescindía ya enteramente de los convidados y, diligente y afanoso, recorría el barco de proa a popa fijando sus ojos escrutadores en el aparejo y cambiando rápidas palabras con el piloto y contramaestre. Los amigos de Velázquez, comprendiendo que era llegado el momento de partirse, quedaron otra vez graves y taciturnos. Un mismo sentimiento de tristeza oprimía sus corazones. Sólo Antoñico se atrevió a decir alegremente a Paca:
—Vamos a ver, niña, suéltanos una copliya de despedida. Hace un siglo que no te oigo.
La esposa de Pepe de Chiclana respondió mirándole con severidad:
—Hijo mío, cuando un amigo tan apreciado como éste se marcha, nadie que tenga corazón siente ganas de cantar... ni tampoco de oir cantar.
Y los convidados aprobaron todos con la cabeza las palabras de aquella profunda mujer.
Sonaron las cinco en el reloj de la cámara. El capitán se acercó a ellos y les dijo cortésmente:
—Señores, vamos a levar anclas. Siento mucho privarme de tan buena compañía, pero es preciso... A no ser—añadió sonriendo—que quieran ustedes venirse al Perú conmigo y con este buen mozo.