De toda esta pléyade de novelistas españoles aquel que más me ha agradado y más me ha enseñado acerca de la vida de España es Armando Palacio Valdés. Por la finura de observación, por su fidelidad a la naturaleza, por su espíritu equilibrado, se puede afirmar que ningún novelista en España ni fuera de ella ha escrito media docena de otras que sobrepujen a la media docena mejor que ha salido de su pluma. Leerlo en inglés con mucho de su aroma perdido es un exquisito placer, como la venta de doscientas mil Maximinas testifica.

GRANT SHOWERMAN

(The Sewance Review.)

En esto de concebir un argumento y madurarlo bien sometiéndolo a lenta incubación cerebral y desarrollarlo después con número, peso y medida, no alargando demasiado los episodios ni hinchando a fuerza de aire los personajes, ni desmadejando el diálogo en fruslerías e insulseces, creo que no tiene Palacio Valdés competidor entre todos nuestros novelistas. Hay que reconocerle primado indiscutible de la novela española.

FR. GRACIANO MARTINEZ,
Agustino. Director de España y América.

Podemos afirmar que Valdés posee las primeras cualidades de un gran novelista, en el sentido moderno, porque es un revelador y un intérprete de la vida, porque tiene el poder de identificarse con la vida de los otros. Cuando dice de su carácter que es vago e indefinido no debe entenderse como algo sombrío y enfermizo. Es más bien el de un espíritu que se oculta y gusta de sumergirse en la vida universal. Resplandece en sus obras la más alta sinceridad y firmeza, y al mismo tiempo se encuentra en todas ellas una profunda y delicada simpatía por todas las cosas; una clara visión que penetra en las más oscuras profundidades y lo eleva a las alturas más luminosas. El nos ofrece los acontecimientos vulgares de la vida ordinaria como son en realidad, pero nos vemos obligados a mirarlos con el sentido que él les presta; y mientras reconocemos estos sucesos como algo que ya habíamos visto, observamos que él les dota de un interés que no sospechábamos en ellos, y revela su carácter oculto con una gran riqueza de detalles aclaradores.

SYLVESTER BAXTER

(The Atlantic Monthly.)

¿Por qué gusta tanto en Inglaterra y en los Estados Unidos el autor de El Idilio de un enfermo? ¿Es casualidad; es suerte? No; es conjunción de ciertas cualidades fundamentales en el arte de nuestro novelista con las tradiciones y el gusto literario de una gran parte del público de aquellos países. Hay cierta serenidad y cierta suavidad en su arte y en los aspectos de la vida que más le agrada pintar, que no pueden menos de seducir a los lectores enemigos de las grandes explosiones trágicas y de las fiebres pasionales naturalistas, y que casan muy bien con el tono de una gran parte de la producción literaria inglesa. La misma sátira a que antes me he referido contribuye poderosamente a imprimir ese sello a las obras de Palacio Valdés. No es agria, épica, como en Zola y sus discípulos, sino humorista, como lo fué en nuestra literatura picaresca, y luego lo ha sido, con admirable manejo de la sonrisa del idioma, en Thackeray y Dickens.

RAFAEL ALTAMIRA