Miguel Rivera, hijo del brigadier Rivera, después de fallecido éste se había ido a vivir con su madrastra por amor de su hermanita Julia. Joven, bien parecido y con una fortuna que le hacía independiente se entregó a devaneos y amoríos propios de la juventud. Tomó parte en los preparativos de la revolución de 1868. Se hizo periodista y dirigió el diario titulado La Independencia, órgano del general conde de Ríos. Para que este periódico pudiese continuar publicándose puso su firma irreflexivamente como fiador en un préstamo de treinta mil duros. Habiendo ido un verano a Pasajes en seguimiento de una mujer casada conoció allí a Maximina, una pobrecita huérfana recogida de caridad por su tía, estanquera y huéspeda de Miguel por aquellos días. Se enamoró de ella y después de muchas vacilaciones se casó al fin. En este capítulo se describe el nacimiento de su primer hijo y la forma en que fué turbada su alegría por la visita del prestamista.
ACAECIÓ que, paseando entre calles cierta noche límpida y fría del mes de Febrero, Maximina dijo a su esposo:
—Me siento muy fatigada. ¿Quieres que nos volvamos a casa?
—¿Es fatiga solamente?—preguntó él mirándola con interés.—¿No te sientes mal?
—Un poquito—respondió la niña apoyándose con más fuerza en su brazo.
—Voy a llamar un coche.
—No, no; puedo caminar perfectamente.
A pesar de sus buenos deseos, Maximina fué caminando cada vez con mayor dificultad. Observándolo su marido, se detuvo de pronto:
—¡Estás pálida!
—Me duele algo el estómago y me encuentro débil.