LOS MAJOS DE CÁDIZ
CONSIDERO esta novela, desde el punto de vista técnico, como la menos imperfecta de las que han salido de mi pluma. Quiero decir que, por la intensidad de la fábula, por sus proporciones armoniosas y por el marco original en que la he enclavado, me parece superior a las otras.
¿Cuál es la razón de que no se haya popularizado tanto como alguna de ellas? Quizá se deba a que por encima de todos los tecnicismos en el arte de novelar se encuentran la invención más o menos feliz y el mayor o menor interés que despiertan los caracteres.
Sin embargo, hay otra aún que me parece igualmente aceptable. Las novelas que se publican en el mundo, son leídas casi en totalidad por personas que pertenecen a la que hemos dado en llamar clase media. El mundo aristocrático es muy exiguo comparado con éste y en cuanto a las clases trabajadoras se puede afirmar que en España viven alejadas de la literatura, a lo menos en sus formas elevadas. Ahora bien, lo que interesa realmente a la clase media es la clase media. Son sus amores, sus ambiciones, sus tristezas y alegrías, sus ideales, lo que quiere ver reproducido en el arte, y con ello se recrea. El mundo aristocrático y el plebeyo son para ella tan sólo objeto de curiosidad efímera. El hombre no se siente conmovido, sino por lo que le toca de cerca. Digámoslo en términos crudos, el hombre no se interesa más que por sí mismo.
Por eso Los Majos de Cádiz, que es una novela de plebeyos, no ha logrado excitar el interés de La Alegría del capitán Ribot. Si esta historia de humildes se hubiese contado en forma de romance y los ciegos la vendiesen por las calles a cinco céntimos, quizá fuera grande su aceptación. Pero es porque entonces caería en manos de aquellos que se sienten hermanos de sus héroes.
DESPEDIDA
Soledad, hija de un pobre guarda de consumos de Medina Sidonia tiene amores con un joven de distinguida familia llamado Manuel Uceda. Muere el padre de aquélla. Velázquez, amigo suyo, un majo de buena presencia y algún dinero consigue enamorarla y seducirla. La lleva a Cádiz, establecen una taberna. Manolo Uceda, siempre enamorado, la visita de vez en cuando, pero ella ciegamente apasionada por Velázquez desdeña su amor. Velázquez es un hombre despótico y fanfarrón que abusa de su dominio sobre ella y la tiraniza. Cansada de sus malos tratos un día se rebela. Se marcha de casa. A él entonces le entra de nuevo el amor, una verdadera pasión. Logra a fuerza de ruegos que vuelva a casa; pero al cabo de algún tiempo cada día más despegada de él Soledad se escapa otra vez. Entonces él trata de curarse de su desgraciada pasión. Entra en relaciones con una hermosa joven llamada Mercedes la Cardenala. Soledad a su vez se deja enamorar por Antoñico, el querido de su íntima amiga María-Manuela. A esta también la solicita Velázquez que había dejado burlada a Mercedes. Pero el orgulloso majo tenía en el corazón una herida incurable y no pudiendo soportarla vida en Cádiz se decide a emigrar a América.
POCOS días después se supo que Velázquez traspasaba la tienda, y más tarde que se embarcaba para América. Prefirió trasladarse en un buque de vela mandado por cierto amigo suyo que partía el 15 de Septiembre. La víspera, los compadres de la reunión y algunos íntimos recibieron de él afectuosa carta de despedida y adjunta una invitación del capitán del barco para que, si tenían gusto en ello, viniesen a beber unas cañas a la salud y al viaje feliz de su amigo. Pepe de Chiclana recibió la suya. En la carta que Velázquez le escribía convidaba también expresamente y con encarecimiento a Soledad, o por hacerle ver que olvidaba sus injurias, o por mostrar que se hallaba enteramente curado de su pasión.