Hay indudablemente en este abatimiento y resignación cierta dulzura; sentimos que estamos pisando terreno seguro, que no nos hallamos ya a merced de los vaivenes bruscos de la fortuna y hemos dejado un mar cambiante y proceloso por la tierra firme.
¿Concluiré de aquí que la única felicidad que puede gustarse en este mundo se halla en la tristeza?
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¿Por qué despreciar tanto la materia? De la materia se han formado los hombres y se formarán los ángeles.
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Última vanidad de los hombres vanidosos: disponer en el testamento que no se pongan coronas sobre su féretro.
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¿Pensáis que no hay nada más frágil que el rico cristal de Bohemia? Decid a un fraternal amigo que no tiene ortografía.
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