El fino y atento oído de la dama se dio por enterado.
—Carmen, vaya V. al comedor, y tráigame un vaso de agua... ¡Siento un picor en la garganta!... ¡Jesús, qué tos tan rara!
Y la dama tosió hasta querer reventar.
Cuando Carmen hubo desaparecido, dirigiose precipitadamente al armario, y abrió. Miguel salió a rastras del fondo con el semblante pálido, descompuesto, completamente demudado.
—¿Qué te pasa?—preguntó con sobresalto Lucía.
—¡Que me ahogo!
—¡Corre a la alcoba... métete debajo de la cama!
El joven se apresuró a cumplir la orden, y al instante apareció de nuevo la doncella.
La generala se bebió el vaso de agua sin gana.