Eh, chis, chis, Miguelito, ¿a dónde tan decidido?

—Al Retiro.

—Para los pies, chavó, y entra a tomar una cañita conmigo y estos señores.

Miguel se detuvo y sonrió al ver a su primo Enrique sentado a una mesa del café Imperial al lado de la ventana y rodeado de varios toreros. Como no tenía prisa, aceptó el convite y se acercó a ellos saludándoles con un:

—A la paz de Dios, caballeros.

—Buenas tardes, amigo—le contestaron.

Y se sentó en el hueco que galantemente le dejaron y se bebió de un trago la caña que Enrique le puso delante.

—Te presento a mi amigo José Calzada, célebre matador de toros que ya conocerás con el nombre de el Cigarrero, aunque hace muchos años que no mata en la plaza de Madrid... Su hermano Baldomero, el Serranito, banderillero de fama... Sebastián Campos...

Enrique se detuvo vacilante antes de pronunciar el alias.

—Diga ozté Merluza, D. Enriquito: Merluza zoy, Merluza he zío y Merluza me he de morí el día meno penzao.