—¿Por qué había de estarlo?—contestó sonriendo tristemente.—¿Te remuerde por algo la conciencia?

—A mí no... pero...

Miguel guardó silencio unos instantes: los ojos escrutadores de Maximina estaban posados con anhelo sobre él.

—Tengo que darte una mala noticia—dijo al cabo dulcificando cuanto pudo la voz.

La niña se puso extremadamente pálida; pero no despegó los labios.

—Me ha escrito mi hermana para que vaya a reunirme con mamá y con ella a Santander, y acompañarlas a Madrid.

Maximina continuó silenciosa, doblando la cabeza sobre el pecho. Entonces le tocó a nuestro joven observarla con cierta inquietud.

—No será la última vez que nos veamos, hermosa—dijo cariñosamente.....—Lo mismo te seguiré queriendo en Madrid, y a la primera ocasión que se me presente, vendré a hacerte una visita.

La niña levantó los ojos hacia él esforzándose por sonreír.

—Ahora que estoy próximo a separarme de ti—siguió diciendo el joven,—es cuando veo cuánto has penetrado en mi corazón... Parece mentira que en tan poco tiempo te haya llegado a querer de un modo tan entrañable... ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Me seguirás queriendo cuando dejes de verme?